· REVOCACIÓN, EL MÉTODO OBRADOR

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    Contracolumna

    · RENDICIÓN DE CUENTAS, IMPUNIDAD

    JOSÉ MARTÍNEZ M.

    El poder totalizador del presidente Obrador siempre acaba en el autoengaño. El ejercicio de la Revocación de mandato es una muestra. El tabasqueño es especialista en el “método” de “elección” lo ha comprobado en diferentes variantes. Con tómbolas y rifas para repartir cargos a diputados y regidores. Es famoso el “método Juanito” aplicado en Iztapalapa.

    Para la elección de gobernadores y hasta el sucesor el “método” son las encuestas internas del partido. Un “método” mejor que el del Vaticano para designar a su sucesor. Para Obrador son métodos “probados” y no hace falta acudir a otro tipo de ensayos democráticos. Estos métodos de Obrador es lo que Enrique Krauze define como la “dictadura plebiscitaria”.

    Ahora el tema es la “revocación” pero su discurso no persuade a la masa. Lo que más teme Obrador es terminar haciendo el ridículo. Fallar en la consulta será multiplicar los fracasos. Eso explica por qué el presidente ha partidizado la movilización de las bases de Morena para acarrear votantes con un doble propósito: lograr el refrendo de su legitimidad como presidente y complacer su ego proyectando su imagen y su poder como el presidente más querido y popular después de Lázaro Cárdenas.

    En pleno éxtasis del poder se aferra al ejercicio de la Revocación y arriesga. Obrador confía en la incondicionalidad de los 30 millones de votos a su favor en 2018, que lo siguen a todas partes. No importa que en la consulta popular para enjuiciar a los expresidentes solamente haya participado el 8 por ciento de los ciudadanos. Y peor aún, la cancelación del aeropuerto de Texcoco se decidió mediante una consulta donde participó menos del 1 por ciento del padrón electoral.

    Para que la Revocación pueda tener efecto hace falta que por lo menos 37 millones de ciudadanos con derecho a voto se presenten en las casillas para expresar su opinión. Es decir, para que sea legal deben participar al menos 40 por ciento de las personas con credencial de elector registradas ante el INE.

    La esencia de la Revocación consiste en la pérdida de confianza en el desempeño del presidente. Si ganara el Sí Obrador tendría que abandonar el cargo conforme a lo establecido en el artículo 84 constitucional.

    No es necesaria la pregunta ante la más pura incompetencia del mandatario. Lo más práctico, en el mejor de los casos, es que el presidente se someta a la rendición de cuentas. Pero quienes hacen las leyes son los primeros en violarlas en su afán de proteger al Ejecutivo.

    En el caso de la Revocación los primeros en violar la ley fueron los miembros del Senado de la República a pesar de que la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, establece en el artículo 14 que ninguna ley se dará efecto retroactivo a lo que sea considerado como el principio de irretroactividad de la ley.

    La reforma al artículo 35 constitucional que dio paso a la Revocación se aprobó en 2019 y el decreto de dicha ley se publicó el 20 de diciembre de ese mismo año en el Diario Oficial de la Federación.

    Es por eso que dicha ley no debería aplicarse a Obrador porque fue aprobada cuando él ya había sido electo para gobernar hasta el 1 de octubre del año 2024.

    El poder judicial como el legislativo, también cede a la presión del ejecutivo. La Suprema Corte solo modifica la pregunta pero no impugna la retroactividad en el ejercicio de la revocación no obstante la violación constitucional en la que se incurre.

    El asunto es cumplir a rajatabla el capricho del presidente de someterse a una consulta (porque en realidad no se trata de una elección) para medir su popularidad y de paso medir las aguas rumbo a lo que a él y su partido le espera con miras al 2024.

    La “popularidad” del presidente es “medida” por el vocero Jesús Ramírez en una “encuesta” (por llamarle así a ese disparate) llevada a cabo sin las más mínimas bases metodológicas entre estudiantes de la UNAM.

    Los resultados que presenta son una muestra clara y contundente de la manipulación oficial. La “información” se difunde en las redes sociales como señal de que más de la mitad de los jóvenes votarían a favor del tabasqueño en el ejercicio de la Revocación.

    Los jóvenes vistos con ojos de lobos por los políticos son el objetivo de Morena y la Revocación. El obradorismo no tiene para ellos ni siquiera un programa o un idiario, solo becas con dinero en efectivo como método de control.

    En el país tres de cada diez ciudadanos con derecho a voto son jóvenes; sin embargo, menos de la mitad de ellos ejercen ese derecho, no votan porque no se encuentran identificados con los políticos o simplemente están desencantados con la política. Obrador no es la excepción.

    Según datos oficiales, de un universo de 93 millones 700 mil electores, 36 millones son jóvenes menores de 35 años (https://www.ine.mx/credencial/estadisticas-lista-nominal-padron-electoral/). En la revocación habrá más de 3 millones de ellos con derecho a participar por primera vez en una consulta. Y sumarán 7 millones en 2024 cuando se presenten en las urnas para su primera elección.

    En las estadísticas los jóvenes deberían ser el sector de la población con mayor peso en las elecciones. Sin embargo, no ocurre así. La mitad de esta masa es indiferente a la política o no creen a secas en los políticos, en los partidos ni en los gobernantes.

    Pero el vocero ha lanzado la señal desde las redes sociales de que la juventud es obradorista.

    Ni siquiera los más optimistas confían en la convocatoria de la Revocación. El consenso de las opiniones es No a la participación.

    No importa que durante meses el presidente y los suyos se hayan pasado el tiempo en una campaña: “Somos los únicos que le convienen al país”. Morena convertido, como el viejo PRI, en el centro de las nuevas dádivas.

    Lo peor de todo es que Obrador convirtió en tema de la Revocación en un asunto personal. Nadie estuvo más interesado que él mismo y terminó por polarizar y confrontar el tema con sus ataques contra las autoridades electorales, los medios de comunicación, las organizaciones empresariales y los partidos de la oposición que denunciaron la violación de la ley por imponer dicho ejercicio.

    Más importante que la Revocación es la rendición de cuentas, comenzando por transparentar el uso del presupuesto público, exigir resultados, evaluarlos y castigar los actos de corrupción, bajo el principio de que todos los ciudadanos tienen derecho a vigilar y evaluar la actuación de los servidores públicos por medio de mecanismos como la transparencia y la fiscalización.

    A partir de esos resultados entonces sí exigir la Revocación de mandato por falta de confianza. Por desgracia, en este ejercicio el presidente abusa de sus facultades y busca simplemente una doble legitimidad para un político más interesado en las encuestas y su popularidad que en los verdaderos problemas del país.

     

     


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