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Incertidumbre global ante la eventualidad de un “Super-El Niño”

  • Según la Organización Meteorológica Mundial, la probabilidad de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027 es de casi el 100 %

Según los pronósticos de los Centros Mundiales de Producción de la Organización Meteorológica Mundial, la probabilidad de que El Niño persista hasta febrero de 2027 es excepcionalmente alta, de casi el 100 %. La posibilidad de que esas condiciones se consoliden al menos hasta noviembre se cifra en porcentajes cercanos o superiores al 90 %. Aún hay cierta incertidumbre sobre el momento exacto en el que se producirá el apogeo del episodio y cuál será su intensidad máxima, pero la mayoría de los modelos de pronóstico sugieren que será un fenómeno por lo menos moderado, aunque posiblemente llegue a ser un episodio de fuerte intensidad.

Para Benjamín Martínez López, del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, especialista en Oceanografía Física y Cambio Climático, todavía es prematuro afirmar que el planeta enfrentará un super-El Niño similar al ocurrido hace una década. Dijo que los datos disponibles muestran un panorama mucho más complejo que el difundido por algunas organizaciones y expertos.

El doctorado en Ciencias Naturales por la Universidad de Hamburgo advirtió que el desarrollo de El Niño es claro, pues los indicadores lo muestran así, “pero no ese super-El Niño del que todos están hablando”.

Martínez López explicó que el criterio internacional para declarar oficialmente un evento de El Niño no depende únicamente de temperaturas elevadas en el océano, sino de que durante varios meses consecutivos las anomalías térmicas en la región conocida como Niño 3.4 permanezcan por arriba de 0.5 grados Celsius.

“Tenemos que esperar este mes para que se cumpla que cinco de estos trimestres consecutivos estuvieran por arriba de 0.5 grados. Cuando esto pase vamos a poder decir que hay El Niño”.

El maestro en Oceanografía Física por el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada reconoció que la temperatura superficial del océano Pacífico en la región Niño 3.4 ha alcanzado valores inéditos para esta época del año, superiores a 29 grados, situación que naturalmente genera preocupación entre la comunidad científica.

No obstante, subrayó que evaluar únicamente esa variable conduce a interpretaciones incompletas. “También hay un problema aquí: está la señal del calentamiento global. Habría que quitarla y ver qué tan fuertes son en realidad los fenómenos de El Niño y La Niña”.

Ingrediente emergente

Benjamín Martínez aseguró que el calentamiento anormal tiene que ver en gran medida con ondas de calor oceánicas, cuya frecuencia, duración y extensión muestran un marcado incremento desde 2013. En la actualidad, se observa una de estas estructuras, abarcando desde la parte norte de California y se manifiesta como un arco de aguas cálidas que cubre las costas de California y luego se va hacia la parte central del Pacífico.

Añadió que al parecer son dos fenómenos independientes que han evolucionado y convergieron, pero no implica que se sumen y originen un super-El Niño como lo conocemos. Otro elemento que lo lleva a descartar, por ahora, un episodio extremo es el contenido de calor oceánico, una variable que mide la energía almacenada desde la superficie hasta unos 300 metros de profundidad.

Mientras que durante los eventos intensos de 2015 y 2023 esa energía alcanzó niveles muy elevados, actualmente permanece por debajo de aquellos registros, por lo que afirmó “esos elementos son contrarios a pensar que se va a desarrollar un super-El Niño.

Incluso recordó que los grandes fenómenos de El Niño suelen estar separados por varios años de acumulación energética en el océano. “Estamos hablando de un lapso de tres años entre el evento de El Niño de 2023 y el que se desarrolla actualmente; realmente, en mi opinión, visto en términos de la energía que se acumula, no da para que haya un El Niño tan fuerte, y la componente de las altas temperaturas superficiales del mar, asociadas a la alta estratificación de los océanos relacionada con las ondas de calor oceánicas, es el ingrediente adicional que explica el estado actual del Pacífico ecuatorial”.

“Si analizamos el calor oceánico, vemos, por ejemplo, que, en la parte del Ecuador cercana a las costas de América, esa variable está muy por debajo de la media. En particular, en el 2015 estuvo extremadamente elevado, en el 2023 estuvo muy alto y ahora es marcadamente menor que esos años”. De hecho, dijo, los valores actuales están abajo de los de 1997.

Describió que frente a las costas de Guerrero los valores de 2026 son menores a los registrados en 2015 y 2023; recordando que en esos años se desarrollaron los huracanes Patricia y Otis, alcanzando categoría 5. “La evolución actual del contenido de calor en esa región no sustenta que pudieran ocurrir huracanes con tal intensidad”.

El país requiere fortalecer a las instituciones encargadas del monitoreo atmosférico y oceánico para entender nuestro clima, su variabilidad y su cambio en el largo plazo

¿Qué podría ocurrir en México?

Al referirse a las implicaciones que tendría un episodio de El Niño para México, sostuvo que, aunque cada fenómeno es diferente, cuando hay un El Niño tenemos más precipitaciones en los primeros meses de lluvias, principalmente en el sur y centro del país.

“En el norte de México hay lluvias extraordinarias, particularmente en los estados de Baja California y Sonora. Si estas condiciones se mantienen, a pesar de que sean, digamos, normales en cuanto que sea un El Niño normal, pues es probable que Baja California tenga precipitaciones por arriba de lo normal para enero, febrero y marzo”.

Aunque descarta un episodio extraordinario, la contribución actual de la onda de calor oceánica podría tener efectos inéditos, recordando que aún un El Niño de intensidad moderada puede modificar significativamente el comportamiento del clima nacional.

Agregó que hay la posibilidad de que en las aguas del Pacífico mexicano se pierda una gran cantidad de energía superficial y se mitiguen las grandes anomalías positivas de la temperatura superficial. Sobre todo, por la gran cantidad de lluvias que generarán y ese calor extraído al océano enfría las aguas superficiales.

“Debido a la alta estratificación, la capa cálida puede ser muy delgada y esto no favorecería el desarrollo de grandes huracanes, a diferencia de lo ocurrido en 2015 y 2023. Como no tenemos esa información en tiempo real, no podemos tener ninguna certeza de lo que vendrá. Pero estamos siendo testigos, quizás, del primer fenómeno de El Niño cuya evolución ha sido afectada notoriamente por el calentamiento planetario vía las ondas de calor oceánicas”.

Sobre las recientes olas de calor e incendios forestales registrados en distintas regiones del mundo, Martínez López acotó que aún no pueden atribuirse a El Niño. “Éste apenas se está gestando; realmente yo creo que todo esto que está pasando es más bien un reflejo de condiciones anormales de la temperatura por el calentamiento global”.

Actualmente, prosiguió, hay anomalías persistentes de temperatura tanto en el Pacífico como en el Atlántico, cuyos efectos sobre la circulación atmosférica aún son objeto de investigación.

Para finalizar, expuso que el país requiere fortalecer la infraestructura científica y las instituciones encargadas del monitoreo atmosférico y oceánico para avanzar con pasos firmes en el desarrollo de la meteorología y la oceanografía, pilares fundamentales para entender nuestro clima, su variabilidad y su cambio en el largo plazo.

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