EL ZAPATISMO AHORA

    EL ZAPATISMO AHORA

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    En estas tres décadas, el camino no ha ido en línea recta para el EZLN.

    "Mantener los territorios ha demostrado ser un reto", dice María Inclán, doctora en Ciencia Política y autora de "El movimiento zapatista y la transición democrática en México".

    Para Inclán, la supervivencia del movimiento zapatista está relacionada con la capacidad de las comunidades indígenas de conservar las tierras que lograron controlar en 1994.

    Hace 20 años, el EZLN anunció un modo de organización que reemplazó a la anterior forma de organización zapatista, los Aguascalientes, y que dio lugar a dos de las principales instituciones que funcionaron hasta estos días en los "territorios autónomos zapatistas": las "Juntas de Buen Gobierno" (JBG) y los "caracoles".

    Los "caracoles" son los lugares de reunión de las comunidades, donde están las escuelas y los centros de salud propios.

    A una hora de San Cristóbal, en el caracol de Oventic, un cartel blanco con letras negras dice "cerrado".

    El cierre "hasta nuevo aviso" para los visitantes ha llevado a muchos a especular con su desaparición, a pesar de que el EZLN informó en noviembre que se mantienen.

    Pero, en su interior, al zapatismo parece vivo.

    Hablan tzotzil, aunque manejan bien el castellano, se ríen y mantienen la misma mirada vigilante de sus padres, aunque suavizada por el paso de las generaciones. Están contentos porque vuelven a sus casas a pasar las fiestas.

    En el mismo momento que cerraron las puertas de los caracoles, el EZLN empezó a hacer pública una serie de 20 comunicados –que terminaron de publicarse esta semana– donde anuncian un proceso de cambio.

    El EZLN informó que las tierras zapatistas pasarían a ser una "no propiedad", es decir, "tierras del común". Y agregaron que como parte de su nueva etapa habrá extensiones de tierra que podrán ser trabajadas de manera colectiva incluso por habitantes no-zapatistas, lo que representa una novedad.

    "En varias comunidades cercanas a las bases de apoyo zapatistas, el EZLN está promoviendo una serie de alianzas y acercamientos con comunidades que no son zapatistas", anticipa Morquecho, quien espera que esta nueva etapa sirva para "dinamizar" el movimiento.

    La nueva etapa no puede entenderse sin el enorme problema por los títulos de propiedad de las tierras que vive el estado de Chiapas.

    La magnitud del asunto puede constatarse cada mañana, al mirar los medios locales y ver cómo las noticias hablan de la "invasión" de territorios, las denuncias de "usurpaciones violentas" y los operativos de desalojos.

    En la ruta que conecta San Cristóbal de las Casas con Oventic la tierra parece viva.

    Al costado de la ruta, decenas de ranchos de madera crecen al lado de las casas de estilo chamula, unas edificaciones altaneras repletas de ornamentos hechos de línea sinuosas y colores brillantes.

    Las mujeres cuidan la milpas, aunque sus plantas de maíz ahora estén secas porque ya no es la época, mientras los hombres cortan leña.

    Óscar, el hombre de 29 años que vigila la entrada de Oventic, proveniente de una familia rural en los Altos de Chiapas, no había nacido cuando el EZLN se levantó en armas. Para Óscar, las cosas no van a cambiar demasiado.

    "Ya tendremos más información", dice con una sonrisa amable a modo de respuesta en referencia a las celebraciones de estos días en el caracol Resistencia y Rebeldía, en Dolores Hidalgo.

    El crimen organizado.

    Nadie se sorprende ya del paso, en todo momento, de los vehículos blindados que circulan por la ruta que conecta Tuxtla con San Cristóbal de las Casas con miembros del ejército al descubierto, que apuntan con sus armas al cielo.

    "Las principales ciudades del suroriental estado mexicano de Chiapas están en un completo caos", dicen los zapatistas.

    "Hay bloqueos, asaltos, secuestros, cobro de piso, reclutamiento forzado, balaceras. Esto es efecto del padrinazgo del gobierno del estado y la disputa por los cargos que está en proceso".

    En su diagnóstico, las principales ciudades de Chiapas están en manos de carteles del crimen organizado, que se encuentran en disputa entre sí.

    Donde antes controlaba el Chapo Guzmán, ahora no solo hay una pelea entre bandas sino una miríada de pequeños grupos delictivos vinculados al crimen organizado que van del tráfico de drogas al de personas, según denuncian los periodistas locales.

    Fue en ese contexto que el subcomandante Moisés, quien ocupa desde 2014 el lugar de Marcos, anunció la disolución de sus "municipios autónomos rebeldes" y las JBG.

    "Hoy vemos que a la presión económica sobre las comunidades, se añade el cerco de la violencia criminal. Pensábamos que estas comunidades alejadas se habían salvado de la violencia del narcotráfico, pero no es así", dice la especialista en movimientos indígenas.

    Para Inclán, las comunidades reaccionan con una serie de cambios en un intento por defenderse ante la ausencia de garantías que ofrece el estado.

    Desconfianza hacia la política.

    En relación con el estado, el EZLN mantiene una histórica distancia.

    La desconfianza de base, que quedó sellada en numerosas oportunidades incluyendo el incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés de 1996 que buscaban modificar la Constitución e incluir la autonomía de los pueblos indígenas, hace del estado un actor poco confiable para el EZLN.

    El levantamiento de 1994 se dio en plena administración del Partido Revolucionario Institucional (PRI), una fuerza política que gobernó el país por 70 años (1930-2000).

    Le siguieron los gobiernos conservadores del Partido Acción Nacional (PAN) con Vicente Fox y Felipe Calderón.

    El recelo se mantiene con Andrés Manuel López Obrador. El día de la asunción del líder de Morena, Moisés expresó el rechazo a su programa de gobierno al que denominaron "programa de destrucción", sobre todo, en el plano ambiental.

    La disputa entre López Obrador y el EZLN se remonta a la década de 1990, según dice Inclán, cuando el actual presidente estaba al frente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), y siguió con los años.

    López Obrador decidió no confrontar con ellos, sino intentar resaltar los puntos en común que podrían, desde su perspectiva, acercarlos al gobierno, al menos para no perder el respaldo de parte de su electorado que simpatiza con el movimiento.

    La desconfianza hacia la política electoral –incluso hacia los partidos de izquierda– ha estado presente en el discurso del EZLN desde el inicio del movimiento, como han indicado varios autores.

    En 2017, por primera vez en la historia, el EZLN presentó la candidatura de la indígena María de Jesús Patricio Martínez, apodada Marichuy, a las elecciones presidenciales de 2018. Pero Marichuy no consiguió las firmas necesarias para llegar a presentarse.

    La incapacidad de alcanzar apoyos suficientes ha sido, según dice el periodista Morquecho, una muestra de los límites que atraviesa el movimiento desde hace unos años y que explican los motivos que lo llevaron a embarcarse en un proceso de cambio después de 30 años.

    México votará presidente en 2024. Todavía no está claro qué camino elegirá el EZLN en estas elecciones.

    "Pienso que, aun sin saber bajo qué modalidad, es posible que participen del proceso político electoral no solo a nivel federal sino municipal", arriesga Morquecho.

    Para otros, es imposible imaginar que repitan una jugada electoral, mucho menos, como la de 2017.

    Por lo pronto, el subcomandante Moisés ordenó prohibir toda exhibición de propaganda de cualquier partido político.

    El "holograma" encapuchado
    ¿Y qué pasó con el subcomandante Marcos, cuya figura atrajo la atención de los medios y la población global?

    "Hemos decidido que Marcos deje de existir hoy", decía el subcomandante Marcos en un comunicado el 24 de mayo del 2014. "Mi nombre es Galeano, subcomandante Insurgente Galeano".

    Poco menos de un década después, en octubre de este año, Galeano sumó al anuncio su propia muerte: "Murió el SupGaleano. Murió como vivió: infeliz". Y dijo que a partir de ahora se llamará Capitán Marcos, es decir, retoma su nombre original aunque cambia de grado.

    Para los analistas, estas son decisiones que no han sido más que teatro en lugar de una definición política.

    Y así lo demuestra el paso del tiempo.

    A pesar del cambio de nombres, Rafael Sebastián Guillén Vicente, el profesor llegado del noreste de México, de un humor corrosivo, convertido en el rostro cubierto paradójicamente más visible del movimiento, no ha dejado de estar presente en los mensajes ni en la estructura del EZLN.

    Para los zapatistas, Marcos siempre fue un personaje creado con el objetivo de visibilizar las demandas indígenas, un "holograma" nacido para desaparecer.

    "Ahora sus creadores, los zapatistas y las zapatistas, lo destruimos", dijeron. "Vimos que la botarga, el personaje, el holograma pues, ya no era necesario".

    Desde entonces, sus intervenciones públicas han sido pocas.

    En su lugar, como jefe militar y vocero zapatista fue designado el subcomandante Moisés, un indígena tojolabal de la frontera con Guatemala y uno de los mandos insurgentes más conocidos en la vida pública del EZLN.

    Gloria Muñoz Ramirez, autora de "El fuego y la palabra", definió hace unos años a Moisés como un "hombre de baja estatura, enorme corazón y visión política, ataviado siempre con su sombrero militar negro".

    A 30 años del levantamiento zapatista, el hombre que protege las puertas de Oventic dice que hace tiempo que no lo ve.

    Lo hace con una sonrisa indescifrable. Óscar practica el elegante juego del enigma que aprendió de Marcos.

    No quiere mostrar las cartas de una partida que quizá aquella parte de la sociedad de México, que recuerda con respeto el arrojo del zapatismo de los primeros días y que ahora mira con indiferencia este tiempo, llegue a entender más tarde.

     

     

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